EL VALOR DEL PAISAJE


Ordenamiento ecológico del territorio
  • Aun cuando la legislación mexicana no define la palabra paisaje y no obliga que las evaluaciones de impacto ambiental consideren la valoración del mismo en relación al proyecto que se analiza, las guí­as sectoriales recomiendan valorar el paisaje para determinar su capacidad de asimilación de los efectos que pueda tener la construcción de cualquier obra. Para ello destaca tres aspectos importantes que deben tomarse en cuenta, la visibilidad, la calidad paisajista y la fragilidad visual.

  • Sin embargo, hay que considerar que la palabra "paisaje" es multidimensional y tan compleja que cualquier definición resultaría incompleta. Varios autores y expertos concuerdan en que la definición más acorde a su significado es la propuesta por el Convenio Europeo de Paisaje (2000): Paisaje es cualquier parte del territorio, tal como la percibe la población, cuyo carácter es el resultado de la interacción entre el hombre, la naturaleza y el tiempo.

  • De acuerdo como lo anterior, un paisaje va desde lo excepcional, como puede ser playas de agua azul turquesa, blancas montañas pobladas de coníferas a lo cotidiano como una zona urbana. Se trata de una concepción humana, que estará definida por el nivel cultural y la personalidad del observador y que, al estar sometido a interacciones a lo largo del tiempo, significa dinamismo y cambio.

  • De acuerdo con el Convenio Europeo del paisaje, éste tiene un papel importante de interés público en los campos cultural, ecológico, medioambiental y social, y constituye un recurso favorable para la actividad económica y cuya protección, gestión y ordenación pueden contribuir a la creación de empleo; el paisaje es una parte importante de la calidad de vida de las personas en todas partes: en las zonas urbanas y en el campo, en las zonas degradadas , así­ como en las zonas de alta calidad, en las zonas reconocidas como de gran belleza, entre otras.

  • Pero ¿Cómo valorar el paisaje?. El paisaje actúa como espejo del espectador y cada quién tiene su ideal de paisaje, su valorización suele responder a una mirada externa, que lo convierte en una simple imagen de postal. Las percepciones de las poblaciones locales poseen otras peculiaridades y van desde una simple visión utilitaria, depreciando su valor global, hasta la atribución de profundas connotaciones emocionales y simbólicas. Es decir, la legitimidad para hacer una valoración de la calidad de paisaje es dudosa. Todo paisaje, como toda cultura, es válido. Hay paisajes diferentes, pero no superiores ni inferiores; todos tienen su valor singular.

  • Un catedrático de la Universidad de León en España, Estanislado de Luis Calabuig, menciona que las claves para poder otorgar valor ecológico a los paisajes, son utilizar conceptos como la armoní­a, la organización, el color o la dimensión. Su riqueza puede ser cuantificable a través de la suma de unidades diferentes, de la diversidad de estas unidades (esto es, también tomando en cuenta la extensión que adoptan en el campo visual), la heterogeneidad de las formas naturales que se encuentran y la conectividad de los elementos vivos.

  • Tambien menciona que la actividad del ser humano no implica necesariamente un perjuicio para el entorno, ya que existen paisajes de integración humana, como las ciudades, "claramente antropizados". Aunque hay que tomar en cuenta que el ser humano es una especie que tiende a modificar sustancialmente su habitat, por lo que el principal parametro de medición puede ser la degradación, que se produce cuando existe un evidente impacto humano y la incidencia será variable según el lugar en el que se produce.

  • Por lo tanto habrá que considerar que la valoración del paisaje desde el punto de vista ecológico dependerá en gran medida de los atributos ambientales, el grado de desarrollo urbano y deterioro ambiental de las zonas en los que se encuentren inmersos.