Estas plantas pertenecen a la familia Orchidaceae cuyo origen se remonta a 100 o 110 millones de años, y es una de las más diversas del planeta con 20,000 a 30,000 especies. También cuenta con un amplio rango de distribución, ya que es posible encontrarlas en casi todos los rincones del planeta, sin embargo algunas fuentes señalan que éstas no sobreviven en los polos, en las zonas con alturas superiores a 4,500 m sobre el nivel del mar ni en los desiertos de extrema sequía.
En México, los estados que albergan la mayor riqueza de orquídeas son Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Veracruz y Chiapas, aunque es importante resaltar que en todos los estados sin excepción se cuenta por lo menos con una especie. Aunque nuestro país cuenta con menos especies que otros países del continente americano, los expertos aseguran de la existencia de 1,110 especies pertenecientes a 159 géneros, de las cuales el 40 % son endémicas, es decir que sólo se desarrollan en territorio mexicano.
La gran mayoría son epífitas, es decir vive sobre los árboles, que al parecer son sus lugares predilectos para recibir el calor, la luz y el aire húmedo tropical; sin embargo, las podemos encontrar en las rocas semicubiertas de musgo (rupícolas), y otras más son terrestres, ya que prosperan a la sombra de corpulentos árboles y en climas templados. Se han encontrado algunas semi acuáticas como la Habenaria repens aquí en México y dos rarísimas especies en Australia, que crecen bajo tierra.
Podemos mencionar varios aspectos de estas plantas que pueden llamar la atención, como es la gran variedad de tallas que alcanzan, que van de 30 m hasta unos cuantos milímetros; o la táctica bioecológica que utilizan la mayor parte de las orquídeas, de utilizar las plantas sobre las que viven únicamente como soporte, pero nunca las parasitan ni las matan, como popularmente se cree, pues en ningún momento toman nada de ellas, ya que el tejido especial de sus raíces cumple tres funciones: captan el agua contenida en la atmósfera húmeda, por lo que nunca necesitan tomarla directamente del suelo; absorben los nutrimentos liberados por los restos vegetales que se atoran en las horcaduras de los árboles y que poco a poco se descomponen, y aseguran la sujeción de la planta a la corteza y sus hojas absorben la luz sin competencia extrema.
Pero sin duda, el atributo que las convierte en unas plantas simplemente fascinantes es la belleza de sus flores, con su exquisito aroma, su porte y la exuberancia de colores, que van desde blancas, rosadas, lilas, rojas, amarillas, verdes y raramente azules.
Sus flores se caracterizan por ser hermafroditas (ambos sexos en la misma flor), con una columna central que sustenta las estructuras reproductivas masculinas (anteras) y femeninas (pistilo) llamada ginostemo, son zigomorfas (con un sólo plano de simetría) y trímeras (3 sépalos y 3 pétalos).
Estas flores han sido símbolo desde tiempos remotos de femeinidad y seducción, así como pasión amorosa o virilidad y perfección estética; lo cual ha dado origen a un sin fin de relatos, entre la que podemos destacar la orquídea más importante en el mundo cultural de los mayas y los aztecas; la vainilla o tlilxóchitl, que, según cuenta una leyenda, tuvo su origen en la muerte de la joven Tzacopontziza ("Lucero del alba"), hija del tercer rey totonaco Teniztli, quien había hecho votos de castidad, y su amante Zkotan-Oxga ("Joven venado"). Tras ser degollados ambos por sus amores prohibidos, se les extirpó el corazón y se ofrendó a la diosa Tonacaohua en señal de expiación. Y justamente en el lugar del sacrificio brotó un arbusto de vainilla y a su lado se desarrolló una orquídea, que más tarde se cubrió de flores, cuyo excelso aroma aún invita al disfrute de esa planta.
Leyenda o no en nuestros tiempos difícilmente alguien se resiste a la fina seducción de estas planta simplemente fascinantes.