La interacción entre el hombre y la fauna silvestre ha sido muy diversa a lo largo del tiempo y del lugar, desde ser utilizada como alimento por el hombre hasta ser venerada como representación o personificación de deidades para diversas culturas, antiguas y recientes.
Actualmente, el ambiente urbanizado se encuentra en constante expansión y compartimos los mismos espacios con aquella fauna silvestre que, pese a las modificaciones del hábitat, permanece en él. Tal situación invita a la reflexión sobre nuestra interacción cotidiana con la fauna silvestre "urbana" y cuál es la mejor manera de convivir con ella.
El respeto es la respuesta y vía para asegurar una coexistencia sana. Esto involucra reconocer las diferencias y necesidades propias de cada especie faunística y no intentar modificarlas. Lo contrario desencadenará resultados fatales, a corto o largo plazo, generalmente la muerte.
En nuestro contexto urbano, cuando se modifica la conducta de individuos o poblaciones faunísticas se promueven cambios tales que las tornan perjudiciales. Esta condición es reconocida y está¡ definida en la Ley General de Vida Silvestre, en su Artículo 3, Fracción XVI, que a la letra dice:
"Ejemplares o poblaciones que se tornen perjudiciales: Aquellos pertenecientes a especies silvestres o domésticas que por modificaciones a su hábitat o a su biología, o que por encontrarse fuera de su área de distribución natural, tengan efectos negativos para el ambiente natural, otras especies o el hombre, y por lo tanto requieran de la aplicación de medidas especiales de manejo o control".
A fin de evitar que llevemos a las poblaciones de fauna silvestre que habitan las ciudades al grado de requerir la aplicación de medidas de control, a continuación se presentan algunas reglas básicas de convivencia sana, basadas en el respeto:
o Nunca alimente a la fauna silvestre
o No adopte crías de ninguna especie
o No intente "curar" individuos heridos
o No intente jugar con ellos
o No los moleste
o Evite la cercanía
Lo contrario a una o varias de estas reglas provocará desnutrición, cambios conductuales nocivos (impronta), explosión poblacional, presión sobre otras especies, riesgo de tornarse vectores de enfermedades y el peor escenario, requerir que se realice un control de sus poblaciones.